«Allá cuesta 24.99»: qué le pasa a una figura entre ese anaquel y tu repisa

Joshua Graham de Fallout New Vegas junto a su caja de McFarlane Gaming Edition

El mensaje llega cada semana y siempre viene con captura de pantalla: que en Amazon de Estados Unidos la figura está en 24.99 dólares, que por qué acá cuesta lo que cuesta. Es una pregunta legítima, la hace gente que no está regateando sino tratando de entender, y merece una respuesta de verdad en lugar de un «es que es importada» dicho con cara de ofendido.

Pero antes de los cinco costos que van a salir más abajo, conviene contar cómo llegábamos aquí. Porque hubo cuarenta años en que la pregunta no era por qué cuesta más: era cómo le hago para conseguirla.

Cuando no se podía traer, se fabricaba

En 1977 los niños mexicanos vieron La guerra de las galaxias y quisieron los juguetes, igual que todos. El problema es que las leyes de importación de entonces los hacían prácticamente inalcanzables: o tenías un pariente en Estados Unidos, o tenías con qué viajar.

La solución vino de Tlalnepantla. Lilí Ledy, una fábrica de juguetes fundada en los sesenta por Enrique Ledezma, hizo trato con Kenner para que le pasara los moldes de las figuras y las naves, y las fabricó aquí. Más de cien figuras distintas, hechas en el Estado de México, para que un niño de Yucatán pudiera tener a Darth Vader.

Y como fabricaba con sus propias reglas, salieron piezas que no existen en ningún otro lado. La más famosa: el Boba Fett de Lilí Ledy fue el único del mundo que salió a la venta con el cohete desmontable, porque en Estados Unidos lo prohibieron por riesgo de asfixia. Una figura que existe únicamente porque acá las reglas eran otras.

La fábrica cerró en 1985, tras un conflicto sindical. Hoy sus figuras son de las más caras del coleccionismo mundial de Star Wars: un Jawa de 1978 se vendió en más de 260 mil pesos, un Boba Fett en más de 85 mil, y un Bib Fortuna suelto, sin caja, anda entre 25 y 30 mil. Se mueven entre trescientas y setecientas veces su precio original.

No fue solo aquí. En Argentina pasó lo mismo por la misma razón, y hoy un Cobra Khan de Masters del Universo fabricado allá se cotiza en mil quinientos dólares. Cerrar la puerta produjo, sin querer, los objetos más buscados del mercado.

Y lo que no se fabricaba, se traía en autobús

Lo demás entraba por Tepito. Desde finales de los setenta y hasta el TLC, los juguetes gringos llegaban a México como fayuca, que es simplemente mercancía que no pagó impuestos.

La logística de eso era descomunal y hoy suena inventada. Salían más de treinta autobuses de pasajeros y un tren completo, todos los días, de la Ciudad de México a Nuevo Laredo. La gente cruzaba el puente sobre el Río Bravo, compraba, y por la tarde regresaba con maletas y bolsas enormes. El reto era llegar a la capital con la mayor cantidad de mercancía sin que la aduana la decomisara. De ahí salió la figura del fayuquero, que ya movía camionetas de tres toneladas.

Un dato que dice todo sobre esa época: aquellos juguetes de contrabando terminaron en un museo. La colección de Melquiades Herrera, hoy acervo del MUAC de la UNAM, está hecha en buena parte de juguetes gringos que entraron como fayuca en esos años.


Cerrar la puerta produjo, sin querer, los objetos más buscados del mercado.


La puerta se abre, y rápido

El 24 de julio de 1986 México entró al GATT y empezó a desmontar el muro. La velocidad del cambio todavía impresiona: las tarifas llegaron a tope de 100% en abril de ese año y para diciembre de 1987 ya estaban en 20%. En 1988 el arancel promedio ponderado era de 5.6%.

Y el 1 de enero de 1994, con el TLCAN, la fayuca prácticamente se acabó de un día para otro. Ya no tenía sentido subirse a un autobús a Nuevo Laredo por algo que ahora estaba en la tienda de la esquina.

Lilí Ledy no alcanzó a ver nada de eso. Cerró en 1985, un año antes del GATT.

Y ahora la rueda gira de vuelta

Aquí está la parte que casi nadie está contando, y es la que cambia la respuesta a la pregunta del principio. La puerta se está cerrando otra vez.

En agosto de 2025 la tasa que se paga por los paquetes de mensajería subió de 19% a 33.5% sobre el valor del envío. Y el decreto publicado en el Diario Oficial el 29 de diciembre de 2025, vigente desde enero, puso 30% de arancel a los juguetes provenientes de países sin tratado comercial.

Quien pregunta hoy por qué una figura cuesta más acá está parado justo en el momento en que la respuesta está cambiando. Todavía no estamos en 1985 — traer algo sigue siendo mucho más barato que aquel 100% de abril de 1986 — pero la dirección ya no es la de los últimos cuarenta años.

Ahora sí: los cinco costos

Entre ese gancho de Amazon y una repisa en México pasan cinco cosas, y las cinco cuestan dinero.

Uno, el tipo de cambio, que nunca es el de las noticias. Un precio en dólares no se convierte con la calculadora de hoy, sino con la del día que se pagó el pedido, y tampoco con el tipo de cambio que sale en las noticias sino con el que aplicó el banco en un cargo internacional, que siempre trae su propia mordida encima. Son unos cuantos pesos por dólar y en una pieza suelta no se nota, pero en un pedido de diez la diferencia ya paga el envío de dos.

Dos, el envío internacional, que es donde se cae la gente. Traer una sola figura desde Estados Unidos puede costar casi tanto como la figura, y por eso nadie importa de una en una, ni una tienda ni un particular. El envío se reparte entre todo lo que venga en la caja, así que la misma figura viajando con nueve compañeras sale muchísimo más barata que viajando sola. Dicho al revés, eso significa algo incómodo: hay que comprar diez figuras para que una salga a buen precio, y las otras nueve hay que venderlas. Y un detalle técnico que explica mucho: las paqueterías no cobran por lo que pesa la caja, sino por lo que ocupa, así que una caja grande con algo ligero adentro paga como si fuera pesada.

Tres, la aduana, que es una sorpresa por diseño. Cuánto se paga depende del producto, del valor declarado, del país de origen y de cómo venga el envío, así que cualquiera que te suelte un porcentaje fijo para todo está inventando. Pero hay algo peor que la tasa, y es que no se sabe de antemano: el cobro llega semanas después, y a veces es cero y a veces es considerable. Para entonces la mercancía ya se compró, ya se pagó y a veces ya se publicó. El precio se fijó antes de conocer el costo.

Cuatro, el envío dentro de México. La caja del fabricante no aguanta sola un viaje nacional, así que viaja dentro de otra caja, con amortiguamiento, porque una caja golpeada en una figura de colección no es un detalle estético sino la mitad del valor. Y otra vez el volumen manda sobre la báscula: una figura de trescientos gramos dentro de una caja de treinta centímetros paga como si fueran dos kilos.

Cinco, la parte que no aparece en ningún recibo. Alguien tuvo que encontrar esa figura, decidir comprarla antes de saber si se vendería, adelantar el dinero y esperar entre tres semanas y varios meses. Recibirla, revisarla, fotografiarla, describirla bien, publicarla, y guardarla ocupando espacio hasta que apareciera el comprador. Y aceptar que algunas no se venden nunca, porque ésas también las pagó alguien y su costo termina repartido entre las que sí salen.

Entonces, ¿estoy pagando de más?

La respuesta honesta tiene tres escenarios, y en uno de ellos la respuesta es que sí.

Si tienes tiempo, paciencia y ganas de aprender, casi siempre puedes traerla tú más barata: armando un pedido grande, aguantando la espera y asumiendo la aduana como sorpresa, sale menos, y ningún vendedor honesto debería negarte eso. De hecho hay gente que colecciona precisamente porque disfruta esa parte, y son los nietos directos de los que se subían al autobús a Nuevo Laredo.

Si la quieres esta semana, no: estás pagando algo distinto, que es una figura ya importada, ya revisada, ya en el país y con alguien a quien reclamarle si llega mal.

Y si la pieza ya no se fabrica, la comparación simplemente dejó de existir, porque el precio de lista de algo descontinuado es un dato histórico y no una oferta vigente. Es como comparar el precio de un coche de 1998 contra lo que costaba en la agencia.

Cómo comparar bien, si vas a comparar

Que se compare está perfecto y ojalá todos lo hicieran; lo que no sirve es comparar mal, y con tres reglas se arregla.

Compara contra el precio puesto en tu casa, no contra el del anaquel gringo: suma envío internacional, impuestos, el riesgo de que la caja llegue golpeada y las semanas de espera. Compara la misma versión, porque una Gold Label, una Platinum y una regular pueden verse casi iguales en la foto del celular y son cosas distintas. Y compara contra lo que se está pagando hoy, no contra lo que costó cuando salió: en figuras descontinuadas esos dos números no se parecen ni de lejos, y a veces el de hoy es más bajo.

Y lo último, que es lo importante

Nada de esto sirve para convencerte de comprar algo que no quieres: sirve para que sepas qué estás pagando, que es distinto y que es lo único que uno puede pedirle a una tienda.

Hoy compras desde el celular, en tres toques, algo que hace cuarenta años requería una fábrica en Tlalnepantla o un asiento en el autobús de las seis a Nuevo Laredo. Eso es un privilegio bastante nuevo y, por lo que se ve en los decretos de este año, tampoco es para siempre. Una figura en la repisa no rinde intereses, no paga la renta y no va a resolverte la vejez; nada más está ahí, y cuando pasas enfrente y la ves, te da gusto. Eso también cuesta, y está bien que cueste, porque el día que dejara de costar tampoco habría quien se tomara la molestia de traerla.

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Fuentes: México Desconocido sobre Lilí Ledy · las figuras mexicanas de Star Wars · Paréntesis, precios de reventa · Tepito, capitalismo a la brava · Excélsior sobre la fayuca · UNAM Global, colección Melquiades Herrera · Opportimes, apertura comercial.

Los componentes de costo que describe este artículo son generales. No se detallan tarifas específicas porque varían por proveedor, producto, temporada y tipo de envío, y porque cualquier cifra fija envejecería mal en cuestión de meses. Las tasas de importación citadas son las vigentes al cierre de esta edición y cambian por decreto.