En agosto de 1990 salió a la venta un cómic llamado simplemente Spider-Man, número uno, escrito y dibujado por un canadiense de veintinueve años llamado Todd McFarlane. La portada no lo mostraba lanzando telaraña ni saltando entre edificios: lo mostraba en cuclillas, encorvado, enredado en una maraña de hilos por la que trepaban decenas de arañas negras. Encima de ese dibujo, una franja roja anunciaba que era el primer número y que era artículo de coleccionista. Salió en tres versiones: plateada, dorada y de platino.
Vendió dos millones y medio de ejemplares y durante un rato fue el cómic más vendido de la historia. La gente compraba tres del mismo número porque el color del borde era distinto, y los que llegaron tarde pagaron sobreprecio por un error de imprenta que alguien bautizó «variante de lagarto azul». Ese cómic es, para media industria, el arranque de la burbuja especulativa de los noventa. La burbuja reventó en 1996 y las ventas de todo el negocio cayeron más del setenta por ciento. Hoy el Spider-Man número uno se consigue por menos de lo que costó nuevo, salvo que esté calificado en el grado más alto.
Treinta y cinco años después, el mismo señor fabrica figuras de acción y las vende con dos etiquetas: Gold Label y Platinum Edition. Oro y platino, otra vez, las mismas dos palabras.
Nadie sabe mejor que él cómo funciona esto
Conviene decirlo sin acusar a nadie, porque no hay engaño: McFarlane sobrevivió a la burbuja, fundó Image, sacó Spawn número uno sin bolsa de plástico, sin foil y sin variantes, vendió un millón setecientos mil, y se pasó al plástico. Sabe exactamente qué hace la palabra «coleccionista» impresa en una caja, porque él fue quien descubrió lo que hacía. Lo que sigue no es una denuncia. Es el manual de instrucciones que la caja no trae, para que las palabras no te las vendan dos veces.
La que más engaña
Gold Label no significa raro. Significa que esa figura se vendía en una sola tienda. Walmart, Target, Amazon o la tienda propia de McFarlane, y nada más. Los que llevan años catalogando la línea pieza por pieza lo dicen sin rodeos: la etiqueta puede hacer que un coleccionista maneje hasta la otra punta de la ciudad, pero no quiere decir que se hayan fabricado menos. La cintilla dorada de la caja es exactamente eso, una cintilla dorada. Es la franja roja de 1990, cuarenta años después y en relieve.
Los números cierran la discusión. Tomamos 178 figuras Gold Label, su precio de lista original y lo que se ha pagado por ellas en transacciones ya cerradas, y el promedio queda en +31%. Ciento setenta y ocho piezas es muestra de sobra para que ese número aguante. Está bien, no está mal, pero no es lo que la caja te hizo sentir cuando la agarraste del anaquel.
Platinum sí, y aquí está el eco
La Platinum Edition es la chase: no se pide, te toca. La proporción habitual es de una por cada seis figuras de caja, aunque no siempre se respeta: la tienda abre el cartón, saca seis, y una viene distinta. Las primeras venían pintadas en bronce, oro y plata, con tarjeta metalizada — o sea, el mismo escalonado de metales de aquellas tres portadas.
En 2022 McFarlane hizo algo que todavía divide opiniones: sacó trece figuras Platinum «sin pintar», gris plancha de arriba abajo, con tarjeta en blanco y negro, un Batman color prototipo como recién salido de la mesa del escultor. Hay quien las odia y hay quien las persigue, lo cual en este mercado normalmente significa lo mismo. Medimos 67 piezas Platinum, con cuatrocientas cuarenta y siete transacciones registradas detrás, y dan +54%: el mejor promedio del ejercicio y el único con tantas operaciones que no se presta a discusión.
La palabra que suena a joyería rinde 31%. La palabra que de verdad significa escasez rinde 54%.
El Jonah Hex de los cuatro apellidos
Existe un producto que apila cuatro etiquetas en un solo título, y es el momento exacto en que el sistema se muerde la cola: es la variante chase, de la edición de coleccionista, en versión exclusiva de tienda, de un dos-pack. Salió en el Walmart Collector Con de 2024, y lo único que lo distingue de la versión normal es el color del caballo: en la regular Jonah lleva abrigo azul, en la chase el caballo es blanco. Eso es todo, y con eso se justifican cuatro palabras en la caja. Si aquello de la variante de lagarto azul le suena a alguien, no es coincidencia.
Vale la pena separarlas de una vez, porque no son lo mismo y además se combinan entre sí:
- Platinum Edition — la chase, te toca por sorteo. 67 piezas medidas, +54%.
- Collector Edition — línea numerada con tarjeta de arte; es formato, no rareza. 69 piezas, +43%.
- Gold Label — exclusiva de una tienda. 178 piezas, +31%.
- DC Multiverse — la de siempre, la del anaquel. 323 piezas, +22%.
Lo que ninguna etiqueta arregla
Hay un factor que le gana a las cuatro palabras juntas, y es el año en que se fabricó la pieza. Las figuras de 2022 —ciento setenta y cuatro medidas— están paradas en −1%, o sea que cuatro años después valen lo mismo que el día que salieron.
La razón no tiene nada de misteriosa, y es la misma que hundió aquel cómic de 1990. En el Comic-Con de ese año McFarlane presentó que DC Multiverse había sido la línea de figuras número uno en ventas de Estados Unidos y Canadá, arriba de Marvel Legends y de Star Wars. Cuando una línea es la número uno, se fabrica como la número uno, se llenan los anaqueles y se hacen tantas que todavía hay. Y una figura de la que todavía hay no sube de precio aunque le pongas cintilla dorada, tarjeta metalizada y la palabra chase en mayúsculas. Es exactamente lo que le pasó a dos millones y medio de Spider-Man.
Cuatro cosas antes de que te vendan la palabra
Uno. «Gold Label» describe dónde se vendió, no cuántas se hicieron.
Dos. «Platinum» sí describe cuántas se hicieron, y por eso es la que se paga.
Tres. Ninguna de las dos dice en qué estado está la pieza. Nuestros promedios salen de ventas revueltas: no separan figura sellada de figura suelta ni miran si la caja trae una esquina golpeada, y entre una y otra hay el doble de precio. Son promedios de tendencia, no la cotización de lo que tienes en la mano.
Cuatro, y es la que casi nunca aparece en estos textos: todo esto son transacciones en dólares en Estados Unidos. México es otro mercado, estas piezas casi no llegaron por acá, traerlas cuesta y el precio local carga con eso.
El reloj
Después del 31 de diciembre de 2026 ninguna de estas cuatro palabras se vuelve a imprimir en una caja de DC, porque la línea pasa a Mattel, que llega con figuras de seis pulgadas y media y con el vocabulario que se le ocurra inventar. Eso no vuelve valiosas a las de McFarlane por decreto: solo las deja quietas, que es distinto y que es justo lo que la mitad de los anuncios de reventa va a intentar hacerte creer durante los próximos meses.
Al final el vocabulario de las cajas es lo de menos. Aquella portada de 1990 se compró tres veces por el color del borde y hoy no vale nada, pero el dibujo sigue siendo extraordinario y quien la compró para leerla salió ganando. Nadie pone una figura en la repisa porque diga oro en la esquina: la pone porque cuando pasa enfrente y la ve ahí, le da gusto. Esa parte no viene impresa en ninguna cintilla, y es la única que nunca se devalúa.
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De dónde salen los números: los precios de reventa vienen de la base pública de Action Figure 411, que registra transacciones cerradas de eBay, sin separar por estado de la pieza ni del empaque. El cruce contra precios de lista, los agrupamientos y las conclusiones son nuestros. Corte: agosto de 2026.
Sobre la burbuja de los noventa: Marvel Database · ComicBook.com · Comic Tornado. Otras fuentes: Cosmic Teams · Bleeding Cool · Mephitsu · ToyNewsI · Dark Knight News.
Aviso: este artículo es información de mercado, no asesoría de inversión. Los porcentajes describen transacciones ya ocurridas en el mercado estadounidense y no predicen precios futuros. El valor de una figura de colección puede subir o bajar. The Backroom Pop no garantiza revalorización de ninguna pieza de su catálogo.