En 1976, un ejecutivo de una compañía de juguetes de Nueva York recibió una oferta para hacer los muñecos de una película de ciencia ficción que todavía no se estrenaba. La rechazó.
El ejecutivo era Marty Abrams, la compañía era Mego, y la película era Star Wars. La licencia se fue a Kenner, que la sacó en un formato nuevo de tres pulgadas y tres cuartos, más barato de fabricar y más fácil de acumular. Ese formato se comió el mercado, y seis años después Mego estaba en quiebra.
Lo raro es que el formato que Mego inventó no se murió con ella. Cincuenta años después sigue vivo, lo usan varias marcas, y probablemente tengas una figura así en la repisa sin saber de dónde viene.
El hombre que industrializó el kitbash
Mego la fundaron David y Madeline Abrams en 1954, y durante quince años fue una importadora de juguetes de tienda de a diez centavos. Nada memorable. En 1971 entró a dirigirla su hijo Marty, recién salido de la escuela de negocios, y cambió una sola cosa que lo cambió todo.
Su idea fue fabricar cuerpos genéricos intercambiables: un mismo cuerpo producido en masa, y encima cabezas y trajes distintos para hacer personajes distintos. En vez de diseñar una figura completa por personaje, diseñas un cuerpo y le cambias lo de arriba y lo de encima.
Si eso suena conocido es porque lo es: es exactamente lo que hoy hace cualquiera que arme una pieza de autor — cuerpo de una marca, cabeza de otra, ropa cosida aparte. Mego lo hizo primero, pero desde la fábrica, y por una razón nada romántica: le salía muchísimo más barato.
La primera figura fue un fracaso, y aun así sirvió
La estrenó con Action Jackson, una línea de ocho pulgadas lanzada en 1971 para competir con el G.I. Joe de Hasbro, que llevaba siete años dominando. Action Jackson nunca fue un éxito grande, pero duró tres años y demostró que el sistema funcionaba.
Con eso probado, Abrams se fue por un recurso que nadie estaba tocando: los cómics. En 1972 firmó licencias con DC y Marvel al mismo tiempo y sacó la World's Greatest Super Heroes. Batman y Spider-Man en la misma línea, en el mismo anaquel, con el mismo cuerpo debajo del traje. Eso hoy es literalmente imposible.
De ahí siguió Planet of the Apes, El Mago de Oz, Space: 1999, y en 1974 las primeras figuras de Star Trek que existieron: catorce personajes, ocho pulgadas, uniformes de tela. Algunas eran retratos decentes y otras eran claramente cuerpos reciclados de otras líneas con una cabeza nueva encima, que era justo la gracia del sistema.
Un cuerpo, muchas cabezas, mucha ropa. Kitbash de fábrica, cincuenta años antes.
Hasta que el sistema se volvió contra ellos
La lógica del cuerpo intercambiable tiene una trampa, y Mego cayó en ella al final. Cuando una línea empieza a morir, la tentación es vaciar el almacén.
Eso le pasó a la Wonder Woman de Lynda Carter. En las últimas olas, Mego empezó a meter en la caja cualquier ropa femenina que tuviera guardada, incluidos vestidos que venían de otras líneas y hasta ropa de la muñeca de Cher. Unas cajas traían un cambio de ropa, otras dos o tres, según lo que hubiera ese día.
El resultado es que hoy es imposible saber cuántas variantes existen. No las contaron ni ellos, y ningún catálogo del mundo las tiene completas. El mismo sistema que hizo posible una línea entera de superhéroes terminó produciendo un desorden que ningún coleccionista puede cerrar.
Por qué ocho pulgadas y por qué ropa de tela
Las dos decisiones se explican solas cuando se ven juntas. Veinte centímetros es lo bastante grande para que una prenda cosida se comporte como prenda, con costuras, cierres y caída, y lo bastante chico para que la figura salga barata y quepa en cualquier lado.
Ahí está la diferencia con el 1/6, que mide treinta centímetros y es la escala donde la tela luce mejor pero todo cuesta el triple. Y con las seis pulgadas, donde la ropa cosida ya empieza a verse gruesa. Las ocho pulgadas son un punto medio raro que funciona, y por eso ha sobrevivido a todas las modas.
Además tiene una ventaja que nadie menciona: la ropa se quita. Una figura con traje pintado es una pose congelada; una figura vestida es un objeto que se puede desvestir, cambiar y arreglar. Es lo que hace que estas figuras se sientan más cercanas a un objeto que a un adorno.
La rechazada, y lo que pasó después
El error de 1976 es de manual, y conviene no contarlo como si Abrams hubiera sido tonto. En ese momento Mego dominaba el mercado con un formato probado, y le estaban ofreciendo apostar por una película desconocida de un director de treinta y dos años. Dijo que no.
Kenner dijo que sí, sacó las figuras a tres pulgadas y tres cuartos —más baratas, y sobre todo compatibles con naves y vehículos que un niño podía tener en su cuarto— y con eso reescribió la industria. Mego persiguió el golpe con licencias de ciencia ficción durante años, Moonraker y Buck Rogers entre ellas, y ninguna funcionó.
El manotazo de ahogado, y la demanda
Hubo un intento más y es el más desesperado de todos. En 1979, con el mercado abandonando las ocho pulgadas, Mego sacó los Elastic Heroes: muñecos rellenos de gel que se estiraban, con Batman, Superman, Spider-Man, Hulk, Plastic Man y hasta Mickey Mouse, el Pato Donald y Casper.
Eran una copia bastante descarada del Stretch Armstrong de Kenner, y Kenner opinó lo mismo: los demandó. Para entonces Remco también le estaba quitando el terreno con su propia línea de superhéroes, y Mego llevaba las de perder por todos lados. En 1982 quebró.
Y aquí está la ironía que nadie vio venir. Aquellos elásticos fallidos son hoy de los juguetes vintage más raros que existen, y por una razón hermosa: el material no aguantaba el estiramiento más allá de unos días, se agrietaba, se abría, y la gente los tiraba a la basura. Casi ninguno sobrevivió. El set completo es tan escaso que hay una sola persona confirmada en el mundo que lo tiene entero.
El juguete peor hecho de la línea es el que hoy vale más, porque casi nadie logró conservarlo.
Y hay una versión mexicana que es la más rara de todas
Aquí la historia toca tierra conocida. Aquellos Elastic Heroes también se fabricaron en México, bajo la marca Ensueño, porque en esos años importar juguetes a este país era prácticamente imposible y la única vía era producirlos aquí bajo licencia. Es exactamente lo mismo que había pasado con Lilí Ledy y las figuras de Star Wars.
Y pasó otra vez lo mismo: la versión mexicana es la más buscada del mundo. El archivo especializado más completo que existe sobre Mego tardó años en poder mostrar un Batman y un Superman elásticos de Ensueño en su caja, y solo lo consiguió cuando un coleccionista mexicano llamado Raúl les prestó los suyos. Fue la primera vez que se fotografiaron empacados.
Dos veces, en dos décadas y con dos marcas distintas, la misma historia: México fabricó localmente lo que no podía importar, y de ahí salieron las piezas que hoy persigue el resto del planeta.
El regreso
El formato de ocho pulgadas se quedó huérfano en 1982, pero no muerto. Lo mantuvieron vivo pequeñas empresas durante décadas, y en 2018 la marca regresó como «Marty Abrams Presents Mego», dirigida al adulto que fue niño en los setenta, con tiradas topadas en diez mil piezas por personaje.
Y aquí está lo interesante: el formato se lo quedaron otros
Lo que Mego inventó dejó de ser propiedad de Mego. Hoy varias marcas hacen figuras de ocho pulgadas con ropa de tela, cada una desde su esquina, y ninguna se llama Mego.
NECA lo hace con su línea Clothed, que es de lo más interesante que existe hoy en ese formato, porque la usa para personajes que ninguna otra marca tocaría.
Ejemplos de este tipo: Rose de The Golden Girls, o The Fiend de los Misfits en versión navideña, que es la mascota de una banda de punk vestida de Santa Claus. Ninguna de las dos existiría en un formato que exigiera moldes caros por personaje. Existen precisamente porque el sistema de Abrams las hace posibles.
El eslabón que casi nadie ubica
Entre la quiebra de Mego y el regreso del formato hay una línea que muy pocos recuerdan y que cierra el círculo con otra parte de esta historia.
En 1997, Toy Biz —la misma empresa que ocho años después inventaría el Build-A-Figure con aquel Galactus partido en siete— sacó la Famous Cover Series: figuras de ocho pulgadas con ropa de tela, o sea el formato de Mego exacto, en cajas que se abrían como libro con broche de velcro y traían al frente la portada del cómic que la figura recreaba.
Ejemplos de este tipo son The Falcon, de esa misma línea. Y la pieza más buscada de todas fue la Tía May, que solo se conseguía por correo recortando los códigos de barras de las cajas de las otras figuras.
Qué mirar antes de comprar una
Tres cosas prácticas, porque en este formato lo que falla siempre es lo mismo.
La tela envejece distinto que el plástico. Una figura de veinte años puede tener el cuerpo perfecto y el traje deshilachado en las costuras, o al revés, decolorado por el sol de una vitrina. En una figura vestida, el estado de la ropa es la mitad del estado de la pieza.
Las ligas del cuerpo se secan. Los cuerpos clásicos usaban ligas internas para tensar las articulaciones, y ésas se cristalizan con los años. Una figura vintage que se siente floja o que ya no se para sola casi siempre tiene ese problema, y tiene arreglo, pero implica desarmarla.
Y la caja pesa más que en otras líneas. Cuando el empaque es parte del diseño —como en la Famous Cover, que abre como libro— una caja golpeada le baja el valor a la pieza mucho más de lo que le bajaría a un blíster común.
El chiste, cincuenta años después
Marty Abrams rechazó Star Wars y su empresa quebró por eso. Es la anécdota que todos cuentan, y es cierta.
Pero el formato que él inventó sigue produciendo figuras en 2026, mientras que el de tres pulgadas y tres cuartos que lo derrotó lleva décadas siendo un nicho de coleccionista vintage. Batman, Spider-Man, la Rhaenyra, unas señoras de una sitcom de los ochenta y la mascota de una banda de punk vestida de Santa Claus comparten la misma idea de 1971: un cuerpo genérico, una cabeza nueva y ropa que se quita.
Perdió el negocio y ganó el argumento. Que en esta industria, a la larga, es lo único que se hereda.
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- El Halcón Milenario está hecho de tanques — qué es el kitbash y por qué la escala 1/6 nació imitando a Barbie.
- «Allá cuesta 24.99» — Lilí Ledy, la fayuca y por qué lo que se fabricó aquí hoy vale más.
- La tarjeta que casi nadie canjea — la Tía May, el mail-away y los cartoncitos que nadie cobra.
Fuentes: LostCollectibles Wiki, sobre el sistema de cuerpos intercambiables · Joepedia · Memory Alpha, sobre las figuras de Star Trek de 1974 · Mego Museum, sobre los Elastic Heroes y las versiones Ensueño · Stretch Armstrong World, sobre la rareza del set completo · Cardboard Connection, sobre las variantes de Wonder Woman · The Toy Collectors Guide · Mythical Mountain, sobre el regreso de 2018.
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